Sembrando a Jesucristo en el corazón de cada persona, plantando una célula en cada hogar...

La caña cascada y el pábilo que humea

(1) comentarios El Vie, 30 de Noviembre de 2012, 01:14 am
La caña cascada no quebrara, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio.

Mateo 12:20 dice: La caña cascada no quebrara, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque a victoria el juicio.

Este texto refleja la paciencia, el perdón y la misericordia de Dios, para con su pueblo, así como la restauración que resulta de ello.

Este es mi testimonio que refleja todo esto, aplicando a mi persona este texto tan hermoso… “la caña cascada no quebrará y el pábilo que humea no apagará”. Déjenme les cuento un poco de mi vida.

Desde los ocho años recibí a Cristo en mi corazón, así llevé una vida se puede decir “normal”, como cualquier niño dentro de una iglesia cristiana, siempre habituado a la asistencia a los cultos, en fin, así crecí.

Todo para mi siempre fue la iglesia, la Biblia, y los hermanos,  pero mi error fue que al llegar a cierta edad todo lo vi como una costumbre, claro que nunca tuve realmente ese conocimiento en mi interior sobre Dios, vivía como con un velo que no me permitía ver las cosas con claridad, y al estar en esta ignorancia sucedió lo peor que pudo pasarme: mi vida en lo espiritual estaba congelada, no le encontraba sentido, dentro de mí me fui alejando más y más de Dios, aunque siempre estuve en la iglesia en cuerpo mi mente no lo estaba. En fin me volví duro, insensible, dañando a muchas personas que me amaban, tenía que suceder un milagro para hacerme ver mi condición, ya que mis oídos se cerraron a las súplicas de mis padres y mi esposa; el pastor también me exhortó pero solo lo escuche mas no atendí.

En esa situación estuve por tres largos años, pero el llamado de Dios llego a mi vida, fue en la primer semana del mes de noviembre del año 2007, en la peor inundación del estado de Tabasco, yo me encontraba en casa, (hago un paréntesis para decir que allí mi vida era como lo describe el texto: me sentía, como una caña seca que con un apretón se quiebra, como un pábilo o una mecha de una vela, que solo le queda una chispa de luz humeante, y que con solo apretarlo se apaga,  esa era mi condición), en ese momento recuerdo estar parado viendo llover por la ventana, cuando mi hijo comienza a quejarse de dolores en su cuerpo, yo me sentía solo, desesperado, impotente, en fin llegué a pensar que sería mejor estar muerto, ya que así no causaría más dolor a las personas que me querían. En ese momento escuché a mi esposa hacerme una pregunta tal vez inocente de su parte, me dijo: ¿ya oraste para que Dios sane a tu hijo? Yo le respondí que no, y en mi mente pensé, como puedo orar si tiene años que no tengo comunicación con Dios, aparte toda la maldad y pecado que cargaba encima no me permitían ni ver hacia el cielo, sabía que Dios no atendería a mi llamado, en ese momento que me estaba sintiendo con ganas de explotar, salir corriendo y dejarlo todo, sucedió el milagro: escuché la voz de Dios que me dijo: “te das cuenta que sin mí no eres nada, que ni los médicos, ni el dinero te sirven ahora, al final tienes que recurrir a mí” al escuchar esto sentí en mi corazón algo que no puedo explicar, es como si ese día algo dentro de mí cambió, Él vino y quitó un velo de ignorancia, se reveló de esa manera, me arrancó todo lo malo, todo ese pecado, mi corazón de hierro lo rompió con esas palabras, me quebrantó por completo.

Desde ese día Dios comenzó a tratar conmigo, y pude aplicar a mi vida ese hermoso texto, ya que prefirió darme una oportunidad más y sacarme a victoria, que quebrarme o apagar mi vida como una caña cascada o un pábilo humeante, el tuvo misericordia de mí, manifestó su amor y su paciencia, y desde entonces le sirvo y ya no vivo más en la ignorancia sino de victoria en victoria.

La gloria para Dios por los siglos de los siglos. Amén.

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