Sembrando a Jesucristo en el corazón de cada persona, plantando una célula en cada hogar...

La deuda

(0) comentarios El Vie, 30 de Noviembre de 2012, 02:17 am
Agradezcamos a Dios por el regalo inmerecido y precioso de la salvación y por la deuda que su amado hijo pagó por nosotros. Sigámosle para siempre como el gran benefactor de la Vida Eterna.

Cuando alguien tiene alguna deuda, lo único que se espera que haga es que la pague, si esta deuda fuera de muerte, tendría que pagarla con su propia vida. Escribo esto ya que muchas personas tal vez no saben que todos nacemos con una deuda y que queramos o no, tenemos que pagarla; si esta deuda no fuera lo más importante en la existencia de la humanidad, el Señor Jesús no habría muerto en la cruz para pagarla, ahora reflexionemos entonces ¿de qué tamaño sería esa deuda para que el mismo hijo de Dios tuviera que dejar su trono de gloria, venir a este mundo y pagarla con su vida?, Él sabía con certeza que la única manera de saldar esa deuda era con la muerte, y precisamente nosotros, al nacer en este mundo estamos en esa condición de muerte, ya que aunque Cristo ya pagó con su vida, la Salvación no es automática, no es un derecho que tenemos al nacer como todo lo demás que sí tenemos derecho al venir a este mundo. Para poder alcanzar la salvación se requiere de tres cosas realmente importantes:

1.     Reconocer que el sacrificio de Jesús en la cruz es lo único que me puede salvar de la muerte eterna, creerlo con todo nuestro corazón, ya que la Biblia dice que con el corazón se cree para justicia.

2.     Pedirle al Señor Jesucristo que venga a morar a nuestro corazón, entregarle con arrepentimiento nuestros pecados para que Él nos limpie de ellos, pedirle que nos adopte como sus hijos, dándole las gracias por el regalo precioso de la salvación.

3.     Hacer lo que Él dice en su palabra “niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame” (Marcos 8:34) porque solo “el que persevere hasta el fin, ese será salvo” (Mateo 24:13).

Entonces reconozcamos que la deuda ya fue pagada con precio de sangre, y que, si para pagarla requirió tal sacrificio, es porque el mismo Dios sabía, que la muerte segunda, la muerte eterna, es lo peor que le podría pasar a la humanidad. Todos los sufrimientos de todo el mundo de todos los tiempos reunidos en uno solo, no se compara con el que menos sufre en ese lugar de tormento. Agradezcamos pues a Dios por el regalo inmerecido y precioso de su salvación y por la deuda que su amado Hijo pagó por nosotros. Sigámosle para siempre como el gran benefactor de la Vida Eterna.

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